lunes, 15 de febrero de 2010

Todo lo contrario!

Quiero hacerme a la falsa idea de que no vales la pena, que todo fue una mentira, que me usaste, que todo fue un ardid, un engaño dantesco, que todo lo nuestro no fue más que una travesura, un caprichito “de niña mala”.

Quiero odiarte, quiero que me mientas, que me digas que nunca me quisiste, quiero que y tienes que destrozar por completo este corazón agonizante, quiero que lo estrujes con tus manos… las mismas manos que me acariciaron con amor… que no me quede corazón donde guardarte.

Quiero odiarte, para sacarte de esta forma ruin de mi pensamiento, de mis recuerdos, de mi mirada, de mis palabras, de mi medula, de mis entrañas, en fin de mi sistema… para acabar así con este amor visceral que te profeso.

Quiero odiarte, necesito odiarte para olvidarte, para así luego de un tiempo… meses o algunos años, quien sabe… pueda verte a la cara con tranquilidad, sin estas ganas locas de abrazarte, de poseerte, de ser todo tuyo y de hacerte toda mía una vez más.

Quiero odiarte, necesito odiarte, pero no puedo, me es imposible…. es, con todas mis fuerzas, todo lo contrario.

CC

Barajas, 25 de Diciembre del 2009
(Debió publicarse el 14 de febrero, disculpen la demora)

viernes, 5 de febrero de 2010

Extraño...


Como el ratón de serrín frente al gato de trapo, como el gato del cuento pero sin botas, como el amante fiel que hace de testigo de la novia, o como ese pato solitario en el Manzanares…
Así de extraño, en ocasiones, el Homérico viajero suele sentirse al volver a Itaca, donde ya no le aguarda ninguna Penélope… porque se olvido de deshacer lo tejido y al contrario siguió tejiendo por las noches…
Deambula como un extraño en su ciudad, acompañado solo de la soledad; escrutándolo todo con la fascinación de un chiquillo explorador; saboreándolo todo como si fuese la primera vez, buscando quedarse para siempre, una vez mas, con esos aromas y sabores que alguna vez fueron suyos…
Y se detiene un largo instante e inspira hondo, con fuerza, inundando cada uno de sus alvéolos pulmonares con ese aire fresco de montaña…
Y de pronto todo le parece extrañamente familiar, y los sentidos lo devuelven al pasado donde se quiere quedar, pero el presente también es fuerte y con enjundia se lo hace notar.

CC